Tras los dos meses del experimento, podemos determinar las siguientes conclusiones:
— La salinidad, en general, produce una ralentización notable en el desarrollo y crecimiento de los vegetales, siendo ésta directamente proporcional a la concentración salina del agua (a mayor concentración, mayor es la lentitud con la que crecen las plantas), llegando incluso a evitar la germinación de las semillas a partir de ciertos niveles salinos (entre 10 y 15 g/L).
— No es lo mismo hablar de salinidad del sustrato que de salinidad del agua, ya que, como se ha mencionado en puntos anteriores, ésta segunda produce una acumulación progresiva de NaCl en la tierra, la cual acaba intoxicando a las plantas con el paso del tiempo, siendo pues mucho más nociva que la primera. Como se ha podido ver en la investigación, niveles ínfimos de salinidad en el agua (los 4,5 g/L del agua B) son capaces de matar a vegetales que, en un principio, parecían que iban a tener un desarrollo más lento, pero normal.
— La última conclusión que se ha obtenido de la investigación es que otro factor a tener en cuenta con la salinidad es la especie vegetal con la que trabajamos o que cultivamos, ya que, poniendo de ejemplo a las muestras II (remolachas), algunas especies son capaces de aguantar más la salinidad de su medio que otras, pero aun así se siguen viendo afectadas por los efectos de la concentración salina.
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